Escaleras del Rock (Gijón): dónde están, qué significan y cómo las he llevado a ilustración
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En Gijón hay lugares que se vuelven símbolo sin proponérselo. Las Escaleras del Rock, entre las calles Claudio Alvargonzález y Óscar Olavarría, rumbo a Cimavilla, son uno de ellos. Nacieron como una intervención de arte urbano y hoy se han convertido en un pequeño ritual para quien pasea por el puerto: pararse, mirar el color, bajar unos peldaños y escuchar (aunque sea en la memoria) guitarras y olas.
Un homenaje musical convertido en hito urbano
La intervención original se realizó en 2012 de la mano del artista Mossel, en colaboración con la galería Lucas Altamira. La idea era sencilla y potente: convertir los peldaños en un homenaje al rock, con referencias a discos y bandas icónicas. Con el tiempo, y gracias a distintas restauraciones (la más reciente, a cargo del propio Lucas Altamira), el lugar ha mantenido su color y su lectura: una escalera que no solo sube o baja, sino que recorre una historia musical.
No es una gran plaza ni un paseo monumental. Precisamente por eso funciona: escala humana, gesto cotidiano, identidad compartida. Para mucha gente, las Escaleras del Rock son foto obligada, punto de encuentro y motivo de conversación. Para otras, son simplemente un detalle que alegra el camino hacia Cimavilla. En ambos casos, cumplen su misión: dar carácter.
Dónde están y cómo visitarlas
Las encontrarás entre Claudio Alvargonzález y Óscar Olavarría, a dos pasos del Puerto Deportivo y del acceso a Cimavilla. El mejor momento para verlas es con luz lateral (tarde), cuando los colores resaltan y el tránsito de gente es cómodo para hacer fotos sin prisa.
Por qué importan
Porque recuerdan que una ciudad se construye también con gestos pequeños: una escalera pintada, un nombre compartido, un recorrido que se vuelve tradición. Las Escaleras del Rock no son un monumento a lo grandioso: son un recordatorio de que el arte urbano puede tejer comunidad y fijar recuerdos.